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–Así que tu padre te envía dinero –Dijo Ángel. – ¿Dónde vive?
–En algún lugar de EE.UU. –Contestó Centella –Pero la verdad no me interesa. Nos abandonó a mí y a mi madre y solo me envía dinero por obligación. Creo que ni siquiera sabe que mi madre murió.
Mientras tanto, en una mansión a las afueras de Hope City, Leon, César y José se habían reunido para hacer planes en contra de Centella Azul.
–Entonces si hacemos eso –Dijo José – ¿Podremos vengarnos de Centella?
–Sí –Contestó Leon –Ella no tendrá oportunidad contra ustedes
–Pero, ¿de qué sirve? –Dijo César –Cuando el policía ese me disparó me inutilizó la mano derecha de por vida.
–No hay problema –Dijo Leon –Podrás volver a usarla, te lo garantizo.
–Aquí hay algo raro –Dijo César – ¿Qué ganas tú con esto? ¿Por qué nos regalas ese poder sin pedir nada a cambio?
–Gano mucho –Contestó Leon –Pues si ustedes se deshacen de Centella,  mi mercado en Cuidad Frontera se expandirá sin ninguna “heroína” que me estorbe.
– ¿Qué acaso los policías no…? –Preguntó José, pero Leon lo interrumpió.
–La mayoría de los policías de Cuidad Frontera son corruptos. El conocer a algunos de ellos me facilita mis labores, como seguir expandiendo mis negocios entre los suburbios, o liberarlos a ustedes, por ejemplo… sólo Centella Azul me estorba.
César y José se quedaron callados, pensando en la oferta que Leon les había hecho.
–Aceptamos, pero agrega una condición –Dijo César –Nuestra hermana necesita una operación muy cara para evitar que pierda la vista.
–Entiendo –Interrumpió Leon –Pagaré la operación.
–Bien, entonces lo haremos –Dijo César.
–Bien, entonces acompáñenme, señores –Dijo Leon, sonriendo. Se levantó de su asiento y los hermanos lo siguieron.
– ¿Estás seguro de esto? –preguntó José a César, de modo que Leon no lo oyera.
–Sí, estoy seguro. Deseo ayudar a Verónica –Contestó César y miró su muñeca derecha, vendada a causa del impacto de la bala –Y también deseo vengarme de esa niña y de ese policía.
Mientras tanto, en Cuidad Frontera. Centella y Ángel habían entrado al Banco, el cual estaba lleno de gente que debía hacer alguna transacción.
–Vaya fila tan larga, ¿no? –Comentó Ángel –Es que es quincena, ¿no?
–Sí –Dijo Centella, aburrida –No me gusta hacer fila… no cuando podría estar allá afuera, donde me necesitan.
«Vaya, se ve que está comprometida con su trabajo» Pensaba Ángel, cuando se oyeron unos disparos. Tres hombres enmascarados y fuertemente armados entraron al Banco.
– ¡Esto es un asalto! –Gritó uno de ellos, apuntando con su arma hacia los cajeros y a los clientes – ¡Todos al suelo, con las manos en la nuca!
Todos los que estaban en el Banco obedecieron y se tiraron al suelo con las manos en la nuca. Entonces uno de los asaltantes se dirigió hacia la puerta para vigilar que nadie más entrara, otro más vigilaba a las personas que había dentro del local, y el tercero, que parecía ser el líder, se dirigió hacia una cajera y le ordenó que llenara una bolsa con dinero.
«¿Por qué no traje mi arma?» pensó Ángel, mirando impotente al ladrón que vigilaba a los rehenes.
–Necesito tu ayuda –le susurró Centella. Ángel la miró, confundido e iba a preguntar algo, pero Centella lo interrumpió –El de la puerta está distraído. Yo me encargo del que nos vigila, mientras tú desarmas y noqueas al de la entrada.
– ¿Y el tercero? –Preguntó Ángel.
–Ya se me ocurrirá algo –Dijo Centella –Es el que tiene el arma más lenta, una escopeta. Aun así es peligroso. En cuanto desarmes al de la entrada escóndete. Bien, cuando yo te diga ve.
Ángel asintió y Centella empezó a observar detenidamente, tratando de encontrar el momento adecuado. El líder fue con otro cajero y cuando le gritó que se diese prisa, ella susurró «Ahora».
Velozmente ambos se levantaron del suelo, mientras los tres ladrones estaban distraídos. Ángel desarmó al de la entrada y lo golpeó con la empuñadura de su arma en el rostro, con lo que cayó inconsciente. Mientras que Centella le daba al otro un certero golpe en el estomago, y luego un gancho a la quijada, con lo que el segundo perdió el sentido.
Cuando el tercero volteó a ver por qué había tanto ruido, Centella y Ángel ya se habían escondido. Ángel estaba afuera del edificio, y Centella tras un pilar que sostenía el techo. Un cajero hizo sonar la alarma y el líder entró en pánico, debido a que vio que sus compañeros estaban el en suelo, desmayados, y sólo pensó en huir. Tomó la bolsa con el dinero y salió corriendo.
Pasó cerca del pilar donde Centella estaba escondida y ella, al verlo huir, le dio una patada giratoria en la espalda y con eso el último de los bandidos cayó. Al poco tiempo llegó la policía y arrestaron a los malhechores.
Mientras tanto, en un laboratorio de Hope City, Leon y José observaban cómo César entraba en un cuarto en el que había una mesa de exploración, un escritorio con muchos embudos, tubos de ensayo y recipientes que contenían sustancias extrañas. Junto con César entraron un Doctor y una Enfermera. Tras ellos entraron Leon y José.
– ¿Estas listo, César? –Preguntó Leon
–Cuando quieran –Dijo César –Estoy listo para enfrentar lo que sea..
–Bien, acuéstate aquí –Dijo el Doctor, indicándole a César la mesa de exploración. César se acostó en la mesa y lo conectaron a una maquina que leía sus signos vitales, como su respiración o su ritmo cardiaco.
La enfermera llenó una jeringa con un líquido café y se lo entregó al Doctor. José y Leon  vieron cómo le inyectaban a César el líquido, y en cuanto retiraron la aguja de la piel de César, éste se empezó a convulsionar y sus signos vitales se salieron de control. Al poco rato César se quedó inmóvil, ya no respiraba y su corazón no latía.
– ¡Hermano! –Gritó José, asustado –¡¿Qué le pasa?! ¡Hermano!
José se quiso acercar a su hermano, pero Leon lo detuvo.
–Tranquilízate –Dijo Leon, serenamente –Pronto volverá a nacer y tendrá el poder para enfrentar cualquier desafío. Pronto obtendrá lo que le prometí.
Y cual profeta, lo que Leon dijo se volvió realidad. César abrió los ojos, respiró y su corazón volvió a latir.
– ¿Cómo te sientes? –Preguntó el doctor, revisando los signos vitales de César.
–Mejor que nunca –Dijo César –Todo funcionó a la perfección.
–Es tu turno –Dijo Leon, sonriendo –Anda, José
–Espera –Dijo César –Deseo saber cómo está mi hermana.
–Está en un hospital, cerca de aquí. Cuando terminemos podrán ir a verla –Dijo Leon.
Repitieron el procedimiento con José, y una vez que todo hubo terminado, César y José se fueron en un auto privado de Leon. Uno de sus chóferes se encargó de llevarlos al Hospital, mientras Leon los miraba marcharse desde la ventana de su despacho.
–Sr. White –Dijo la secretaria de Leon por el intercomunicador – lo busca el Sr. Valentine.
–Hazlo pasar –Dijo Leon, y casi al momento un hombre de unos cuarenta años, alto y fornido, con cabello color oscuro, barba y bigote entró en el despacho.
–Eric Valentine –Dijo Leon – ¿A qué se debe tu visita?
–Tú mejor que nadie lo sabe, Leon –Dijo Eric, cerrando la puerta – ¿Por qué les diste el suero a esos dos?
–Lo que hago es sólo de mi incumbencia. No debería importarte.
–A La Hermandad le interesa cualquier acción de sus miembros.
–Yo ya no soy parte de ese “club”.
–Ten cuidado, Leon –Amenazó Eric –Podemos destruir White Enterprises si lo deseamos.
–Bien, bien, confesaré –Dijo Leon y sacó una carpeta de su archivero –Esta es la fórmula –Le entregó la carpeta a Eric –Y, como puedes ver, tiene un error.
Eric observó detenidamente los documentos y luego miró a Leon.
–Y los usaste como conejillos de indias –Dijo Eric –Algo típico de ti.
–Los mandé a pelear contra Centella Azul –Dijo Leon.
– ¡¿Que has hecho qué?! ¡Ella es muy importante para nuestros planes!
–Lo sé. Si ellos ganan, demostraré que Centella Azul no era digna de los planes que tenemos para ella; Pero si ocurre lo que creo que va a ocurrir, descubriré el error en la fórmula y probaré el potencial de esta niña.
–Entiendo... Pero ten cuidado, Leon. Te estaremos vigilando.
Eric se retiró del despacho y Leon vio cómo se alejaba. Volteó a ver a la ventana y pensó «Aunque me estén observando, no tienen idea de los planes que tengo para ustedes»
Mientras tanto, en el Hospital “Forever”, Verónica ya había salido de su operación y César y José esperaban al doctor. Cuando lo vieron llegar fueron a su encuentro.
– ¿Cómo está ella, Doctor? –Preguntó César
–Todo salió perfecto –Dijo el Doctor –En unos minutos recuperará la conciencia y en unas semanas podrá irse.
–Me alegro –Dijo José –Me alegro que todo haya salido bien.
El doctor se retiró, y José y César se quedaron un momento callados.
–Vamos –Dijo César –Es hora de cumplir nuestra parte del pacto.
Ambos salieron del hospital, de regreso al auto que Leon les facilitó. El chofer encendió el auto y ambos subieron, entonces el auto emprendió su marcha. Mirando atrás José pensó «Pronto volveremos, Verónica... Lo prometo»
©2005-2009 ~Din-of-valhalla
:icondin-of-valhalla:

Author's Comments

La parte 2 de 3 del Fanfic de Centella Azul. Espero les guste y ya saben, se aceptan críticas, sugerencias, etc.


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:iconlawmack:
great work, very nice!

maybe a little more curve in the fold of her right arm to show the angle it's bent. it's a little too straight of a line there and it makes her arm look too short from the elbow down.

sorry, couldn't read what you wrote, I'm from US and we're only taught one language while the rest of the world learns three or more....

--
No models were seriously injuried in the making of my art...only tied down and spanked.

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January 27, 2005
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